Salió de su aldea para aprender a leer y volvió arquitecto

Salió de su aldea para aprender a leer y volvió arquitecto

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El concepto de arquitectura social adquiere con Diébédo Francis Kéré (Gando, Burkina Faso, 1965) una dimensión radical y alejada de cualquier efecto cosmético. La entrega a la comunidad vertebra su trabajo como una savia nutritiva, y con ella le devuelve a su gente lo que un día recibió. Kéré es un hombre bumerán: hijo del jefe de la tribu, aprendió a leer, se hizo carpintero y una beca le sacó de Gando, su aldea del África occidental, para aterrizar en Berlín. Allí estudió arquitectura, allí tiene su estudio (Kéré Architecture), allí formó una familia y allí podría haberse quedado. Pero volvió.

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Lo hizo para mejorar la vida de aquellos que también son él y cuyas oportunidades de prosperidad escasean. La educación es la clave y ese fue su objetivo, casi una obsesión: «Siempre ha sido una fuerza motriz en mi trabajo. Gracias a ella pude convertirme en arquitecto y por ella construí el colegio de Gando, mi primer edificio», explica. Así, otros no tendrán que mudarse a la ciudad para poder ir a la escuela, como hizo Kéré de niño.

Pero el burkinés no regresó a la europea. Su foco nunca se despegó del contexto, es decir, de África y su realidad. Por eso, en su trabajo, la fusión de tradición local y modernidad no es sólo un eslógan y, además, trasciende lo puramente estético. Hay veces en que las necesidades son demasiadas. Tanto es así, que en muchos de sus proyectos la comunidad participa activamente en la construcción de los edificios. Esta aportación va más allá de la mano de obra pura y dura, puesto que la incorporación de elementos identitarios refuerza el vínculo de la gente con la obra de Kéré. Así sucede en la Biblioteca de Gando, por ejemplo, donde los orificios circulares de la cubierta, que permiten la entrada de aire y luz naturales, están hechos con vasijas artesanales de la aldea cortadas por la mitad e incrustadas en la estructura de hormigón.

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Francis Kéré ha llevado su arquitectura a Harward, a la Universidad Técnica de Berlín y a la Academia de Arquitectura de Mendrisio (Suiza). Su obra se ha expuesto en Múnich, Philadelphia, Nueva York, Londres y, recientemente, en el Museo ICO, de Madrid. En la muestra, llamada Elementos Primarios, se incluyó una reproducción a escala del pabellón de la Serpentine Gallery londinense, un encargo que llevó a cabo en 2017. Esta galería de arte moderno y contemporáneo encarga cada año el diseño de un espacio exterior a reputados arquitectos. Kéré construyó un gran árbol para que sirviese, como así sucede en Burkina Faso, de punto de encuentro de la comunidad. Este trabajo, de belleza exótica y rotunda, puso en valor también la arista más urbana y cosmopolita de su arquitectura.

Fuente: elmundo.es

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