
Se dice que las leyendas narran el pasado de cada pueblo que las cuenta, al mismo tiempo, la leyenda hace que la identidad de los pueblos nunca muera.
El siguiente texto es una historia que revela algunos de los aspectos melancólicos de la antigua Tlaxcala, y el significado de sus pobladores en la época de mesoamérica.
El volcán del Cuatlapanga es protagonista de una trágica historia de amor. Se cuenta que Cuatlapanga era un fuerte y valiente guerrero que vivía enamorado de una hermosa mujer, llamada Matlalcueyetl.
El valiente guerrero prometió desposar a su amada cuando regresara de una peligrosa misión que le había sido encomendada. Todo marchaba bien para Cuatlapanga, su misión estaba por terminar y por fin podría casarse con su gran amor.
La tragedia comienza en la última batalla a la que asistió, en la cual recibió un fuerte golpe en la cabeza, causándole una fuerte cicatriz. Aun así, Cuatlapanga regreso a su hogar, con la esperanza de que Matlalcueyetl lo estuviera esperando con el amor que tenían pendiente desde aquel día en que tuvo que partir.
Al llegar, lo recibieron con una trágica noticia, su amada Matlalcueyetl había muerto de tristeza. Cuatlapanga, agonizando de amor y tristeza, se dirigió a la tumba de Matlalcueyetl y se desplomo a los pies de su gran amor.
La leyenda cuenta que Cuatlapanga se quedó ahí, llorándole a su amada hasta convertirse en piedra. Es por eso que hoy en día podemos observarlo entre los municipios de Teacalco y San Antonio Cuaxomulco a las faldas del volcán Matlalcueyetl, mejor conocido como La Malinche.